miércoles, agosto 02, 2006

Acerca de “Preámbulo: encuentro de nuevos creadores”.
Alejandro Espinoza


Todo preámbulo implica a su vez un rito de iniciación. Es el exordio, la digresión a la cual nos enfrentamos para dar comienzo a algo mayor. Más allá del hecho que en este preámbulo se ponen las cartas sobre la mesa, las reglas del juego, las armas o herramientas a escoger para dar inicio a la batalla de las ideas y las creaciones, lo que podemos reconocer –y aprender—del rito, es la vulnerabilidad con la que se enfrentan las partes convocadas: los creadores y los públicos.
En este caso particular, nos enfrentamos al preámbulo de un sitio y un tiempo de creación determinados. Tanto los creadores como los públicos caminan por rumbos distintos, pero realizan este punto de encuentro, este prefacio, que posee la naturalidad del rodeo previo al inicio de la conversación verdadera, la que se generará cuando las posibilidades creativas que se encuentran en exposición, encuentren senderos, asociaciones, hallazgos, que van más allá de las propuestas iniciales. En este preámbulo nos encontramos en el inicio de un lenguaje nuevo –la posibilidad de un discurso plástico nuevo para nuestro entorno— y por lo tanto, sólo el futuro desplazamiento de dicho lenguaje se reconocerá conforme el discurso se convierta en diálogo; cuando del preámbulo pasemos a la plática intensa y profunda sobre el quehacer artístico de los nuevos creadores en Baja California.
Los creadores que se encuentran en la exhibición se enfrentan a uno de los dilemas cruciales de la producción artística en los últimos veinte años: ante la efectividad de la historia del arte por asumir las propuestas estéticas y formales como una totalidad, siempre maleable, transferible e intercambiable, el creador tiene que enfrentarse a su vocación como quien se enfrenta al infinito: con el reconocimiento de que allá se encuentra algo desconocido, pero con la seducción de que aquello promete un mundo cubierto todo de posibilidades. Y es así como navega… con toda la incertidumbre de quien no conoce su rumbo, pero con la fascinación de que aquellos escenarios con los que se enfrenta a su paso poseen detalles y matices que siempre es bueno descubrir con ojos nuevos.
Es por ello que encontramos la coexistencia de rigores formales y experimentos con los medios, es así como encontramos Hiperrealismo y Pop Art tomados de la mano de abstracciones sintéticas, exploraciones académicas con herramientas y soportes tradicionales, encontrándose con exploraciones tecnológicas de aprovechamiento de medios de reproducción digital. Una serie de grabados y una serie de impresiones de imagen digial manipulada, retratos de íntima seducción y collages de detallada recolección. Tejidos de figuración minimalista compartiendo espacio con paisajes del imaginario digital.
Vistas en conjunto, todas estas obras se nos presentan, se nos plantean, como el rito de iniciación de lo por venir; pero se trata de una iniciación que disputa el formalismo con la experimentación. Por un lado, tenemos la línea de obras que encuentran su discurso en el programa modernista de indagación en torno al lenguaje visual y sus posibilidades; por el otro lado, tenemos la línea de obras que encuentran su discurso en el cuestionamiento sobre las posibilidades de dicho programa modernista. La tradición y la ruptura, el nuevo academicismo –posterior al arte del siglo XX—y la nueva producción experimental –posterior también a las experimentaciones artísticas del siglo XX—pueden encontrarse en este preámbulo, este primer diálogo que los nuevos creadores buscan con el espectador.
El público debe asumir esta postura al momento de apreciar las obras, debe asumir las obras como el inicio, el punto de partida, de una posible larga conversación.